Por: Luis Rosario
El presidente Luis
Abinader volvió a dirigirse al país para justificar el aumento en los precios
de los combustibles, apelando como ya es costumbre a factores internacionales,
conflictos geopolíticos y presiones externas sobre el mercado del petróleo.
Y
es cierto. el mundo vive tensiones, los
precios fluctúan y las economías sienten el impacto. Nadie niega esa realidad.
Pero
el problema no está en el contexto internacional.
El
problema está en la incoherencia del manejo interno y en la facilidad con la
que este gobierno recurre a la excusa antes que a la responsabilidad.
Porque
cuando el petróleo bajaba de manera sostenida, cuando los mercados ofrecían
condiciones favorables, en la República Dominicana los precios de los
combustibles se mantuvieron altos, sin que el pueblo recibiera el alivio
correspondiente. No hubo discurso en ese momento explicando por qué no bajaban.
No hubo medidas visibles que reflejaran esa reducción.
Sin
embargo, hoy, ante un aumento, la reacción es inmediata: subir precios,
justificar decisiones y trasladar el impacto al ciudadano.
Eso
no es política económica responsable, Eso es administrar la coyuntura con
conveniencia.
El
presidente habla de “sacrificios inevitables”. Pero la pregunta es inevitable
también.
¿SACRIFICIOS
PARA QUIÉN?
Porque
en la práctica, esos sacrificios siempre recaen sobre los mismos sectores:
la
clase trabajadora, los pequeños comerciantes, los transportistas y las familias
que ya viven bajo presión económica constante.
Pero
hay algo aún más preocupante, se le pide
sacrificio al pueblo, mientras no se percibe el mismo nivel de sacrificio en el
gobierno ni en los funcionarios públicos.
No
se habla de reducción real del gasto, no se habla de austeridad efectiva, no se
habla de dar el ejemplo desde el poder.
Y
ahí es donde el discurso pierde fuerza, Cada aumento del combustible no es un
hecho aislado, Es un efecto en cadena:
*
sube el transporte,
*
suben los alimentos,
*
sube el costo de vida, y se reduce la capacidad real del ingreso de la gente.
Y
lo más delicado es lo que viene, Los dominicanos debemos prepararnos para un
aumento generalizado en el costo de la vida, la factura eléctrica, los
alimentos, los medicamentos, el transporte y prácticamente todos los bienes y
servicios seguirán en alza como consecuencia de estas decisiones.
Lo
que se proyecta no es solo una serie de ajustes aislados, sino una
reconfiguración económica que, en la práctica, se traduce en una mayor carga
para la población.
Y
bajo el argumento de la situación internacional, se abre paso a lo que muchos
ya perciben como una reforma fiscal de hecho, aplicada sin el debido debate
nacional ni el paso formal por el Congreso, trasladando silenciosamente el peso
al ciudadano.
Mientras
tanto, el discurso oficial se mantiene en el plano de la explicación, no de la
solución.
Gobernar
no es solo describir los problemas, Gobernar es anticiparse, planificar, crear
mecanismos de protección y actuar con coherencia.
Si
el argumento es que dependemos del mercado internacional, entonces la responsabilidad
del gobierno es reducir esa dependencia, fortalecer políticas energéticas,
garantizar transparencia en la fijación de precios y, sobre todo, actuar con
equilibrio cuando las condiciones favorecen al país.
No
se puede pedir sacrificio cuando no ha habido justicia en los momentos de
bonanza.
La
credibilidad de un gobierno no se mide por la cantidad de discursos que
pronuncia, sino por la consistencia entre lo que dice y lo que hace.
Y
hoy, lamentablemente, lo que percibe el pueblo dominicano es una brecha cada
vez más amplia entre el relato oficial y la realidad cotidiana.
El
país no necesita más explicaciones, Necesita decisiones firmes, coherentes y
verdaderamente orientadas a proteger a su gente.
Porque
al final, cada peso que sube el combustible, no lo paga el gobierno, Lo paga el
pueblo.


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